viernes, 8 de mayo de 2009

Vivían entre rencores y dulzura.




Él sabía que se había equivocado, que había actuado mal, y que en la mínima reflexión podía caer. No dejó que la besara, ni acariciara. Ni un simple escalofriante abrazo supieron darse, fue un viaje de ida pero no de vuelta, fue uno de esas charlas mas frías, distantes, y quizás penosas que tuvieron.
Llego a destino, se bajo, se apartó el pelo de la cara, lo miro con pena, y no dijo mas nada luego del “esto se termino acá,”.
De él solo corrieron lágrimas que llevaban su nombre.

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